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REFLEJOS





Aunque muchas veces mi Señor había grabado en video nuestras sesiones para luego disfrutarlas de nuevo tranquilamente en el sofá, nunca había sentido lo que esta noche cuando hemos puesto una cinta olvidada en un rincón.
Y ahora que la estamos viendo me pregunto, ¿Cómo hemos podido olvidarla? Estamos mirando la pantalla atentamente con la respiración agitada y de pronto vuelvo a verme en esa habitación, como si no hubiese transcurrido el tiempo.
Es rectangular, a un lado una gran cama de madera de castaño, maciza, pesada, intimidante por su tamaño y robustez. Tanto el pie como el cabecero están adornados con unas barras de hierro. Al otro lado de la habitación unas argollas cuelgan desde el techo mediante unas cadenas.
En un rincón apoyada a la pared hay una hermosa mesa labrada también de castaño y en cada extremo de ella un candelabro con doce brazos cada uno, es la única luz que ilumina la habitación, esas veinticuatro velas.
El suelo es de mármol negro, brilla tanto que veo mi reflejo en él. Las paredes están cubiertas por espejos, las cuatro, incluso las ventanas son de espejo.
Suelto lentamente el aire que retenía en los pulmones y levanto lentamente mi cabeza para mirar el techo que también esta cubierto por espejos, arqueo una ceja y oigo en mi oído su risa, suave y apagada.
Esperaba que me llevase a una mazmorra pero como siempre me sorprende.
Noto la punta de sus dedos acariciando mis hombros y bajando lentamente por mis brazos al tiempo que su respiración acaricia mi oreja.
Toma con suavidad mis muñecas, levantando mis brazos y atándolos a las argollas que cuelgan sobre mi cabeza, obligándome a ponerme de puntillas. Pasa su dedo por mi cuello bajando hasta el escote más que generoso de mi corpiño de látex.
Noto como mis pezones se empiezan a endurecer, y sin ninguna prisa me retira el corpiño liberando mis pechos ya deseosos de sus atenciones.
Su rostro ya es inexpresivo, se ha ido el hombre y ha llegado mi dueño.
Suelta mi falda que cae a mis pies y de una patada la envío a un rincón, no llevo nada mas puesto a excepción de las bolas chinas tal y como me indicaba en la nota que acompañaba a las tres rosas, una por cada una de nuestras citas.
Hago el gesto de descalzarme, pero me lo impide mediante un fuerte tirón de mi pelo. De reojo veo la escena en una de las paredes, le veo en su plenitud, su poder, su dominación.
Se aleja lentamente de mi hasta llegar a la mesa, donde toma una cuerda y vuelve hacia mi, la mirada dura, los labios apretados.
Noto como sus manos fuertes aprietan mis muñecas, para al instante notar las cuerdas, una, dos, tres vueltas y el nudo sin llegar a molestar pero impidiendo que pudiese separar mis manos, tensa la cuerda y la pasa por encima de mis codos, los rodea y hace un nudo, vuelve a tensar, ahora rodea mi cuello anudando la parte delantera con holgura, es la primera vez que disfruto viendo como trabaja sin perderme un solo detalle cada uno de sus movimientos es reflejado en los espejos.
Toma otra cuerda, y la une con un nuevo nudo, para dejarla caer hasta el suelo. Veo como realiza una sucesión de nudos partiendo desde la base de mi cuello hasta mas o menos cinco dedos por debajo de mi ombligo, distanciados irregularmente, sobre mis pechos, en su nacimiento, después en su base a la altura del estomago y el ultimo nudo a unos cinco dedos debajo de mi ombligo.
Da un paso hacía atrás y observa su trabajo, no sabría decir si esta satisfecho o no hasta el momento.
Vuelve a tomar la cuerda, noto que mis brazos se cansan de estar en alto al igual que mis pies por estar de puntillas, pero no digo nada y resisto.
Vuelvo a oír sus pisadas y ese silencio que hace que mi vagina se deshaga lentamente, en un goteo constante de deseo.
Un nuevo nudo en la parte posterior de mi cuello y la cuerda desciende por mi espalda provocando mil y una sensaciones… la toma y la lleva hacia mi costado izquierdo, pasándola por encima de mis pechos volviendo hacia la espalda, noto la presión y como la cuerda resbala por mi piel y como la tensa anudándola en mi espalda, la otra cuerda va hacia el otro costado y la noto abrirse, tirar en el nacimiento de los pechos y retirarla de nuevo hacia atrás.
Así una y otra vez, va abriendo los nudos que ha ido haciendo, formando rombos que aprisionan las diferentes partes de mi cuerpo, llenándolo de infinitos deseos.
Noto como me aprieta y evita que mis pulmones se llenen completamente de aire, así que mi respiración se vuelve más corta y rápida. No demasiado ya que oxigenaría en exceso y me podría marear y quiero estar bien atenta, me encanta verlo trabajar.
El último, rodea mi vientre dejando el ombligo en su centro y noto como desciende la cuerda entre mis piernas, pasándola por entre mis labios y anudándola, noto la presión del nudo sobre el clítoris y como tira hacia abajo, pasando por entre mis nalgas hacia arriba, tensándola muy fuerte y atando en mi espalda. Se aleja…
Empiezo a ser aun mas consciente de que la presión ejercida por las cuerdas en mi cuerpo, hace que este aun mas despierto y que ese ultimo nudo realizado sobre el clítoris sea uno de mis favoritos.
Oigo sus pisadas, volviendo a mi para pasar una cuerda entre mis tobillos, primero el izquierdo una, dos, tres vueltas, para luego anudarlo al derecho e ir subiendo por encima de mis rodillas, tensando el nudo y seguir ascendiendo hasta la base de mis nalgas, sigo de puntillas y estoy cansada pero la obra merece la pena, anuda y empieza a bajar por la parte posterior anudando en la delantera, deshaciendo el camino andado, peo esta vez afianzándolo para terminar anudando mis tobillos de nuevo.
Ha terminado y se retira a un rincón, hay poca luz y no le veo pero mire donde mire ahí estoy yo, mis brazos en alto, mostrando la maravillosa obra que ha hecho sobre mi cuerpo, luciendo mis curvas. Miro al techo y mi vista va directa a mis pezones que están duros, rosados, rogando atención.
El silencio se rompe….. – ahora estas preparada.
 
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