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La mazmorra - Capítulo 1


Son las 6 de la mañana cuando llega la furgoneta, aunque llevamos desde las 5 sentados frente a una taza de te blanco, viendo como los minutos tan apenas pasan.

Bajo corriendo para abrir la puerta y les indico el camino hasta el sótano, me encanta la cara de sorpresa de ambos hombres al ver nuestra mazmorra, lúgubre y acogedora a un tiempo, al menos para nosotros, los demas nos da igual lo que piensen.

Depositan la caja donde les indico y les acompaño de nuevo a la entrada, firmo el albaran de entrega y cierro con suavidad la puerta. Como debe hacerse todo en la casa, suavemente.

Una vez nos quedamos solos, mi Señor se acerca a la caja con una palanca para quitar la tapa que esta clavada a ella, la levanta con cuidado y sentada en un rincón asustada y temblorosa esta su primera ninfa, de piel blanca como la nieve, su pelo parece un rayo de sol en primavera y sus ojos de un intenso verde como si estuviésemos viendo una pradera del norte, tan del norte como ella, muestran el miedo y la curiosidad que siente.

Con cuidado y sin asustarla la toma en sus brazos y la deposita en una silla, tomo unas toallitas húmedas y le limpio la cara y las manos. La noto temblorosa pero para nada el miedo que pretende demostrar.

Con su mirada me indica que le deje solo con ella así que subo a la cocina y preparo el desayuno, empezara a explicarle las condiciones de su contrato. Se que le da un mes de prueba antes de firmar el de por un año. Voy trabajando despacio, retrasando el momento de volver, a una parte de mi no le gusta la idea de compartirle, pero es su deseo, así que acepto.

Bajo con una bandeja bien surtida, desayunaremos juntos los tres para empezar a conocernos, mañana no se como será, ahora todo cambia y no me gustan los cambios.

Llego con una sonrisa en mis labios, ya estan colocados a la mesa, mi Señor a la cabecera, laila (ese será su nombre desde hoy, es escandinavo como ella y significa anochecer) a su izquierda y yo a la derecha.

Preparo la mesa con sumo cuidado ante la atenta mirada de ellos, tal y como al Amo le gusta. Ya se las medidas a las que tienen que estar separados los cubiertos sin necesidad de usar la regla, pero lo sigo haciendo para que él lo compruebe.

Primero los manteles individuales de hilo negro perfectamente planchados, la servilleta doblada en rectángulo a la derecha, sobre ella el cuchillo con la sierra mirando hacia el plato y el tenedor a la izquierda del mismo. Sobre el plato una cuchara y tenedor de postre. Una copa para agua donde se sirve el zumo de dos naranjas y un pomelo, un ultimo vistazo y todo esta perfecto.

Sirvo el zumo, en ese momento nos dice que esa será una de las tareas de laila, ella nos servirá a ambos la comida.

Oigo como llega la furgoneta de Javier, miro a mi Señor y este hace un gesto afirmativo con la cabeza, termino de servir el desayuno, antes de subir para abrirle. Café para él y laila, para mí un te blanco, dos tostadas con margarina y mermelada de naranja amarga para ellos dos y una con aceite de oliva para mi; laila siempre comerá lo que coma Amo, ella no puede elegir. Cojo la bandeja y subo a abrirle a Javier.

Javier es un par de años mas joven que yo, alto… muy alto, pasa el metro noventa yo me siento pequeña y frágil a su lado, tiene los brazos fuertes y las manos grandes. Una sonrisa dulce que algunas veces llega a ser dura, sobre todo el día en que Amo le contó nuestros planes, mejor dicho sus planes. Se quedo mirándome fijo y su sonrisa no fue dulce sus ojos me helaron la sangre. No se por que motivo no le agrado la idea.

-Buenos días princesa- me dice mientras me guiña un ojo y se pone un café -¿ya le llegó al gran Señor su nuevo juguete?

- Si, hace una hora – le respondo mientras le pongo un zumo en una copa

- Sabes que te va a dejar ¿verdad?

Lo miro con una ceja arqueada, - ¿Qué te hace estar tan seguro?

Sonríe mientras muerde una tostada que le he preparado con aceite de oliva, y la acerca a mi boca, tomo un bocado y lo miro mientras mastico. Me guiña un ojo y se dirige a la mazmorra. Siempre me deja igual, haciendo que ocupe mis pensamientos durante el día.

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